
EL SEÑOR DE LUREN. CRONOLOGÍA DE UNA DEVOCION
de José López Melgar
El 12 de junio se presentó en el auditorio del Centro Cultural Ccori Wasi este significativo libro. Su autor, abogado y tradicionalista iqueño, es la persona que ha estudiado y documentado con mayor rigor académico el devenir de esta sagrada imagen cuyo culto en la región de Ica es profundo y conmovedor en medio de los desafíos que la naturaleza ha impuesto a través de los años como la han sido las cíclicas sequías y los destructores movimientos telúricos.
Los comentarios en torno al contenido del libro estuvieron a cargo de la doctora Sandra Negro, vicerrectora de investigación de la Universidad Ricardo Palma y presidenta del Instituto de Investigaciones del Patrimonio Cultural de la misma universidad; por el P. Grover Cáceres Rivera, párroco y superior de la comunidad del Señor de Luren y Comisario de la Orden Carmelitas Descalzos del Perú y por el arquitecto Javier Luna Elías, ex viceministro de cultura e iqueño devoto de la sagrada imagen. La culminación de la publicación del libro se debe al aporte de la empresa Agrícola Riachuelo, a través de su presidente del directorio, ingeniero José Luis Camino Ivanissevich, que brindó de manera desinteresada su apoyo y quien expresa su incondicional devoción al Cristo de Luren.
Se trata de un libro atípico en su contenido y estructura, rico en aportes, que su autor desgrana con fluidez y una notable organización expositiva. Es fundamental el aporte que hace de las fuentes documentales desde el establecimiento de la encomienda de Hurin Ika, apoyándose en notas periodísticas elaboradas en Ica a partir de su importante acervo documental de los notarios que allí se desempeñaron, el cual al presente se halla lamentablemente disperso.
Es significativa la documentación que demuestra el origen de la sagrada imagen en 1570 y su posterior traslado a Ica, pudiendo de esta manera desmitificar las diversas leyendas que han estado circulando a través del tiempo. Los aspectos históricos están cuidadosamente elaborados con relación a los movimientos sísmicos sufridos y las sucesivas construcciones y reconstrucciones de la entonces villa y posteriormente, de la ciudad. También logra establecer la fecha del cambio fonético de Lurin a Luren que ocurrió recién en 1720, cuando aparece en diversos documentos relativos al centro poblado y su doctrina. A lo largo del texto, documenta los diversos prodigios y milagros de la imagen y su consolidación en el imaginario colectivo local y regional.
Es importante dentro de la historia del culto, que se documente la emisión del decreto en octubre de 1900, el cual estableció el reglamento del culto y la procesión del Señor de Luren, debido a su antigua y arraigada devoción. La presencia de fotos antiguas demuestra no solamente la profundidad de la devoción, sino los cambios que han sido realizados en el diseño del templo erigido en su honor y las reconstrucciones llevadas a cabo hasta el presente
Evidentemente un culto de tan extensa evolución ha sufrido embates y avatares de diversa índole: los frecuentes terremotos, el incendio de 1918 que afectó seriamente la imagen del Cristo y destruyó el templo que estaba edificado con adobes, madera, cañas y barro. La solidaridad del pueblo iqueño no se hizo esperar, estableciéndose una sociedad para restaurar la sagrada imagen logró su cometido. El autor explica en detalle y de manera fundamentada el proceso de restauración llevado a cabo, el cual concluyó exitosamente en breve tiempo.
También evidencia el inicio del proyecto en 1919 para la construcción del santuario del Señor de Luren. Detalla con cuidado no solamente el proceso constructivo, sino también el empleo de materiales y técnicas edificatorias, lo que convierte esta publicación en un documento de consulta permanente para futuras intervenciones.
En el texto se detalla la presencia y culto del Señor de Luren en las cofradías y su vinculación con los gremios de agricultores y la fiesta de la vendimia, informando de su estrecha y permanente vinculación con el pueblo iqueño, aquel que une voluntades y esfuerzos para enfrentar situaciones difíciles individuales, familiares y de la sociedad en su conjunto. Es interesante que el autor señale la costumbre de los agricultores de sembrar una parcela de romero para obsequiarlo a la imagen durante las procesiones, lo cual ha generado una comisión del romero. En fuentes documentales que he tenido la ocasión de trascribir, se señala la costumbre en las bodegas de Ica durante el siglo XVIII de producir un aguardiente de uva perfumado con romero, lo que nuevamente estrecha los vínculos del culto a la imagen con la propia historia de su devenir agrario.
Es importante destacar que expone la presencia de la orden de los Carmelitas Descalzos a cargo de la parroquia de Luren desde 1938, habiéndose encargado de difundir la devoción de la sagrada imagen en las áreas rurales circundantes. En el siglo pasado se vivió el florecimiento del culto, del cual el autor expone las novenas y novenarios, las fiestas en su honor, las joyas de la imagen, el ritual del descendimiento en Semana Santa o en su festividad, para su arreglo y esas emociones desbordadas de un pueblo que se ciñe e identifica en torno a un culto centenario.
La devoción se ha extendido más allá de la ciudad de Ica, en parte por las aceleradas migraciones interregionales y en gran medida porque constituye un referente social y comunitario en Chincha, Pisco, Nasca y Lima, generando en el resto del territorio advocaciones como el Señor de la Agonía de Pisco, el Señor de Luren de Ocaña en Ayacucho, El Señor de Luren de Huancayo, Cusco y Arequipa, llegando a ultramar hasta la ciudad de Turín en Italia y California en Estados Unidos de América.
Por último, presenta las consecuencias del destructor sismo del año 2007, el extenso tiempo requerido para la reconstrucción del templo, así como las distintas propuestas a nivel arquitectónico y estructural presentadas. La conclusión exitosa de la reconstrucción del templo evidencia la fe, tesón y compromiso del pueblo iqueño.
La historia no concluye aquí, pero hasta el presente cuenta con una consistente documentación de su devenir a través del tiempo, el espacio, los avatares de los sismos y el tesón de sus pobladores que han sabido con fe y compromiso defender siempre al Señor de Luren para que permanezca con ellos a través de una historia que aún está por escribirse, en las décadas y siglos venideros.
Felicito al doctor José López Melgar por su contribución intelectual que es modélica y de aportes de notable significación histórica, social y cultural.
Sandra Negro
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